CHRISTIAN CAMACHO - SANTA CATARINA
APRIL 23rd -
Santa Catarina
pintura reciente de Christian Camacho
Una geometría chueca, de amontonamientos de piedras e intemperie entre caos y cadencia, estructuras
oxidadas, Tsurus futuristas quemando gas y deidades an9guas que emergen de las montañas nos dicen
que entramos a Santa. Mira, más que el retrato de una ciudad, esta exposición dispone una serie de
advertencias que son posibles sólo desde el lugar específico, intensidades del presente a las que resulta
apremiante interrogar, y cuyo misterio colisiona el resto, con el encuentro, la vagancia y el presagio.
Aparece la pincelada, a-parecen mosaicos, teselas y más teselas. Descubrimos operaciones de la
tradición musiva y la lapidaria prehispánica, fusionadas con una obsesión casi delirante de
transparencias líquidas, secas y viscosas. Una pintura que también es un dibujo insistente y
fragmentario. Una pintura que recuerda a cachitos de muchas otras cosas, de augurios y de fantasía,
capturas co9dianas y de la ficción, una tela de araña en la herrería. Abundan problemas de la
frontalidad y las escalas, de la suspensión y del contraste. Son pinturas conformadas por unidades
germinales que hacen presente a lo mineral y a lo baboso. Sus geometrías fueron moduladas con
precisión, la de alguien -Chris9an Camacho- que zapatea siguiendo el compás de un baile, sin perder el
ritmo, en cada pintura nuevos pasos. Capas heterogéneas se superponen e interactúan en su color, como
el ritmo con la melodía que anima las líneas, los conjuntos desagregándose y son más que la suma de
sus partes.
Antes de vivir en Santa, lo industrial era para mí una distancia, ahora es lo más material y concreto,
inseparable del invencible callejero perro-estopa, de la señora del puesto de tacos, los robots operando
en la oscuridad de grandes naves, la toxicidad al viento con su negligencia gubernamental,
estacionamientos, láminas ardiendo. Santa Catrina nos volvió a Chris9an y a mí unas cucarachas medio
postapocalíp9cas, serranas y suburbanas, sobreviviendo, una y otra vez, a múl9ples inicios y fines de
mundos, aunque quizá ya lo éramos, sobre todo él que creció en los suburbios del Estado de México.
Santa está en una zona de Nuevo León donde retumba el viento, es 9erra de puro rayadero, mal
portada, mal mapeada, dura para el aspiracionismo de ciudad blanqueada. Rayada con grafismos
prehistoricos, así como por ganchos de aerosol, esos -marcadores socio-espaciales- caracterís9cos del
noreste, graffiteados en negro que, como en mucho del dibujo an9guo, es el color que resiste al 9empo
y a la voracidad solar. Aquí cada día el Sol del norte y la sombra se entrampan en alucinantes duelos del
dibujo sobre las montañas, sobre el paisaje, temperaturas altas, temperaturas bajas. La luz fragmenta la
serranía en unidades de infinita resolución, interrumpidas aquí y allá por el detalle: el cablerío, las
mordidas que arremete la minería, los fierros fabriles y los súbitos vuelos de alimañas.
Estas pinturas de Camacho operan en la superficie del lienzo, mediante una ilusión que no engaña sobre
la realidad, sino revela algo de la pintura, una materialidad dis9nta a la del mosaico, quizá más simple y
más común, como la de electrones girando en un átomo. Las modulaciones de la luz sobre el blanco de
los marcos-transiciones, demarcan, encajan y sobresalen para disolverse o repe9r formas creando ritmos
y reverberaciones de los elementos pintados. Algunas pinturas están conformadas por elementos con
movedores de lo co9diano, cargadas de una especie de heroísmo común y callejero que no sé cómo
nombrar, amasijos de intensidad afec9va cuyo registro no es solo visual. Algunas son unidades como
iconos, y otras son estructuras, no lógicas, armónicas de lo posible desequilibrándose, simultaneidad de
conjuntos de variaciones intensivas como conjuros: Montaña rayón cara mordida / fósil robot óxido
futurista/ herrería ramal con familia en negro alucín / bajo el polvo / gris verde/ 9n9nar de estrellas y
artificio.
Lucía Vidales
Santa Catarina, Nvo. León, primavera del 2026
